Bulimia
Desayunaba besos podridos y se robaba uno que otro abrazo amargo
que le servía para calmar las tripas que lo hostigaban al mediodía.
En ocasiones tenía que conformarse con pedir, por teléfono,
un frío e insípido “yo también”, que lo único que lograba era
provocar el deseo de hastiarse de orgasmos pintados con colorante artificial
y terminar el día vomitando por lo ojos el amor no correspondido.


0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home